Presiona ENTER para ver los resultados o ESC para cancelar.

Historia de las fronteras en Europa: desde Primera Guerra Mundial hasta ETIAS

A finales de 2023, los países del espacio Schengen serán testigos de la entrada en vigor del nuevo Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes. El ETIAS, como también se le conoce por sus siglas en inglés, es el método electrónico para la autorización de viajes con el que la UE da un paso ya completado por países como EEUU, Gran Bretaña, Canadá, Nueva Zelanda, o Australia (3). Con él, los viajeros de países extranjeros que no necesiten visado podrán entrar al espacio Schengen con solo un pequeño trámite por internet.

La utilización del ETIAS, que será obligatoria a finales de 2023, supone otro paso en la evolución e integración de la política migratoria de la UE. En cierto modo, es el síntoma de una mayor cohesión en un continente que, 150 años atrás, parecía más cerca de desintegrarse a base de guerras que de la integración.

En este artículo intentaremos repasar todo ese camino histórico que lleva al ETIAS. El relato de cómo es posible que, en cuestión de no muchos años, países que se encontraban luchando entre sí cuenten ahora con métodos comunes para regular sus fronteras.

Antecedentes: la primera guerra mundial

No hace falta irse muy lejos para encontrar una situación antagónica a la actual. Allá por la década de 1870, el Viejo Continente era un espacio plagado de rencillas atávicas, de un nacionalismo y un chauvinismo exacerbado. Precisamente, ese caldo de cultivo, sumado a la concatenación de constantes conflictos entre los estados europeos, fue lo que llevó al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Se estima que las víctimas mortales de la Gran Guerra fueron entre 40 y 60 millones. Y ahí, sobre las cenizas del conflicto más terrible que había visto la humanidad, aparecieron los primeros visionarios que propusieron una especie de comunidad paneuropea. Se suele decir que el primero fue Richard Coudenhove-Kalergi, un político austriaco que publicó el manifiesto titulado como Pan-Europa, germen de la Unión Internacional Paneuropea. A él lo siguieron Gustave Stresemann y Aristide Briand, responsables de los Acuerdos de Locarno.

Sin embargo, todo fue en vano. Llegó la Segunda Guerra Mundial, la más sangrienta de todas con sus 80 millones de víctimas mortales, nacida en el corazón de Europa. Y tras ella, ahí sí, apareció el punto de inflexión.

De la ceca al tratado de roma

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba sumida en la devastación. Exiliados y emigrantes del sur —España, Grecia, Francia— comenzaban a marchar hacia el norte rico. EEUU y la Unión Soviética emergían como las nuevas potencias globales. Y bajo ese contexto, el ministro francés de asuntos exteriores, Robert Schuman, retomó el testigo de Kalergi, Stresemann y Briand. Lo hizo con la crucial Declaración Schuman del 9 de mayo de 1950.

En esa fecha, ahora conmemorada como Día de Europa, Schuman propuso la creación de una unión entre Francia y Alemania para la producción de acero y carbón, materiales clave para la industria armamentística. El plan era abrirse a más países y al libre movimiento de bienes, capital y personas; aumentando así los intereses económicos comunes entre países europeos y disminuyendo, pues, las probabilidades de guerra.

En 1951, el plan que se inició con la Declaración Schuman se materializó. Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo se unieron bajo la CECA (Comunidad Europea del Carbón y el Acero), primera unión paneuropea. La confirmación del éxito llega en 1957, con la firma de los Tratados de Roma. Se…

Fuente original